Un día el cielo tenía tu nombre,
volabas alto, libre, brillante.
Tus ojos, un espejo de luz infinita,
y en tu andar, el mundo parecía menos pesado.
Pero el viento cambió su rumbo,
en un instante brutal, el cielo se rompió.
Te arrebataron de mí con violencia,
dejando un vacío que ni el tiempo sabe llenar.
Cierro los ojos y revivo ese momento,
el grito, el caos, la sombra que se desploma.
El trauma me sigue, como un eco constante,
y cada susurro del viento trae tu nombre.
Intento sanar, pero el dolor se aferra,
como un nudo en mi pecho que no se deshace.
No sé cómo dejarte ir,
cuando lo último que vi fue tu luz apagarse.
¿cómo se supera un cielo roto?
¿Cómo se olvida el instante que lo destrozó todo?
Cada día es una batalla entre el pasado y el presente,
entre el querer recordarte y el querer olvidar.
Te busco en las nubes, en las estrellas,
en cada rincón donde solías estar.
Pero el cielo ya no brilla igual sin ti,
y yo sigo aquí, atrapado en la tormenta.
Si pudieras oírme desde el cielo,
dime cómo se sana un corazón herido,
cómo se sigue adelante cuando el alma aún grita
por aquello que el tiempo no puede borrar.